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19 de junio de 2013

Rodrigo y el manzano.


-¿Si abuela?

-Abre la ventana.

-No abuelita, hace demasiado frió, podrías enfermar. 

-¿Ves aquel manzano del patio?

-Sí. Lo veo. Que yo recuerde siempre ha estado ahí.

-Y a caso, Rodrigo, las frutas cuando maduran demasiado en el árbol, sin haber sido recogidas por nadie, cansadas por la espera y por el esfuerzo de mantenerse firmes en la rama, con la esperanza de que su orbitado letargo pueda morir al fin en una caricia, ¿Cesa? es curioso, pues no expira ni cesa, sino que  más fuerte. Y en un último aliento de sellados ojos, se dejan vencer por el vació, abrazando la gravedad y cayendo en la tierra para allí seguir madurando hasta su putrefacción, con la certeza de que pronto llegará su muerte y formarán así parte del barro, humus de sustento que alimentará a otras frutas tempraneras… A caso, pequeño hombrecito…¿Les importan a esas frutas enfermar un poco más allá en el fango?

Ha ultimado mi esperanza de ser espigada por la vida, y tal vez, aquel manzano, aquel  paisaje tras la ventana, sea hoy mi última caricia.



 Tras el suspiro, Rodrigo, abrió la ventana.

Palabras nunca pronunciadas.


Que difícil es decir lo que tan claro se siente en el alma. Nos empeñamos en dar mil vueltas a la manzana a pesar que tan poco se paró a pensarlo Eva justo antes de morderla…

La gente suele decir de mí, que me expreso muy bien, que algún día podría llegar a dedicarme al mundo de las letras porque tengo duende. No saben lo que dicen.
Siempre he pensado que es mucho más sencillo expresar lo que otros sienten a lo propio de uno mismo, y quizás ese sea el motivo de comenzar así esta carta. Quizás sea el mismo motivo, el de decidir darle aquí fin y terminarla. 


Lo que deseo de ti.


¿Cómo poder decir lo que deseo de ti? ¿Cómo? Si en realidad aun no te conozco. Podría desear lo que ya aprendí al dedillo, lo que he sentido o he vivido. Lo que sé a ciencia cierta que existe en ti y lo que puedes ofrecerme por mera intuición. Pero, nada tengo que decir sobre eso aspectos de ti de los cuales carezco de conocimiento. Quizá de todo lo que puedes ofrecerme hayan cosas que no me gusten o que no necesite, sin embargo nadie, ni tú mismo, puede garantizarme que aquello que desconozco sea tan maravilloso para mi ser y por ello si no lo tengo, pase el resto de mi vida deseándolo. Ahí está el riesgo... Por eso, cuando paro a hablarme en esas conversaciones eternas, en algunas ocasiones, sin salida a una superficie real, me descubro sonriendo al decirme:

"Lo que deseo de ti, es todo aquello que aun no conozco"



18 de junio de 2013

Camino al sur



Afuera llovía a cántaros. Dentro, la primavera se adelantó, sentí el calor. En el arcén, madre y hermana marchaban, mas no daban la espalda. Felinas diosas de risueños bigotes, compartían nervios de ésta joven insensata, hambrienta de aventura. Comenzó el viaje con la luna como aliada. Pasos de gigante, vacía la maleta y tan lleno mi equipaje. Tras el cristal me hablaba la lluvia, yo le sonreía; ¿Miedo? ¿Quién dijo miedo? Ya no sería la misma, eso era cierto, pero nada importaba, sólo dos palabras: atardecer, Alhambra…